Confesiones de una Reina de Películas de Terror

Hoy quiero reflexionar sobre la resistencia, como uno de los elementos claves para ayudarnos a crecer y encontrar el balance en lo que hacemos.

Por años en Relaciones Públicas y organización de eventos, mi trabajo demandaba una personalidad "Tipo A". (Ambiciosa, rígidamente organizada, sensible a las necesidades de los demás, asumiendo más de lo que realmente podía manejar, proactiva, obsesiva con el manejo del tiempo, la lista es interminable). *

Gran parte de lo que me hacía ser "buena" en mi trabajo es que el estar siempre en control gobernaba mi vida. Llegó un punto en el que me exasperaba la forma como la gente simplemente no se mantenía al mismo ritmo y la hostilidad estaba a flor de piel con prácticamente cualquier tipo de incidente, por insignificante que pareciera. La impaciencia era mi forma de vida. Incluso, había un inside joke entre la gente que trabajaba conmigo que decían que era experta poniendo "películas de terror" para conseguir los resultados que quería. Conmigo todo era "cinco para las doce", o sea "de ya para ya".

A qué voy con esta confesión laboral? A que más de ocho años después de seguir esta forma de vida me encontré en un callejón sin salida. Llegó un momento en el que tuve que hacer un alto y redefinir lo que realmente era importante para mi como persona. Después de muchas vueltas llegué a la conclusión de que lo más difícil para mi sería deshacerme del control. La resistencia al cambio es el enemigo principal del crecimiento. No es la pereza, no es la dejadez, es simplemente el no ser capaz de delegar, de dejar que la vida tome su curso, que los demás hagan algo por ti, lo que no te deja crecer.

Una de las cosas que más me ayudó fue pensar "en 10 años a nadie le va a importar". Trataba de pensar en eso en cada situación en la que quería controlarlo todo. Es cierto, esa presentación en la que estás trabajando día y noche, que es de vida o muerte, que te impide llamar a tu madre para saludarla porque estás muy ocupado, o ese informe de rentabilidad que no te deja dormir y hace que te desveles por días, no es que no sea importante, es que no vale la pena. Literalmente tuve que detenerme y pensar "Este lanzamiento no determinará la cura del cáncer".

Es muy fácil involucrarse demasiado en las cosas y darles demasiada importancia, pero más allá pensar que sin ti todo se cae. Yo era de las personas que pensaba que si quería que algo saliera bien, tenía que hacerlo yo misma. Como consecuencia más de una vez me agarró la madrugada en mi oficina etiquetando invitaciones, una función tan básica que cualquier intern puede hacerla, pero hasta eso tenía que controlar. Vacaciones? Para qué! A mi me necesitan en mi oficina! Que ilusa.

Llega un momento que te aíslas, que tienes tanto trabajo que no hay tiempo para más nada. Si uno es capaz de dejar a un lado la resistencia, a nivel conciente, el trabajo se hace más fácil en todo sentido. El balance está justamente en eso, en saber cuando es el momento de intervenir cuando todas las tarjetas se están etiquetando con la base de datos vieja y obsoleta, por ejemplo.

Hoy trata de pensar si las cosas a las que le dedicas toda tu energía son tan importantes como estás convencido de que lo son. Piensa en alguien que puede hacer eso igual o mejor que tu (y dale la oportunidad!). Piensa si en tres meses, un año o cinco años te vas a acordar de esta situación. Es difícil, al principio el ego va a querer mantener el control de todo, porque piensa que al delegar, estás perdiendo terreno que te mereces o te pertenece.

Cuando empecé el artículo escribí "lo que me hacía ser 'buena' en mi trabajo", con la palabra buena entre comillas. Mi definición de "buena" ha cambiado radicalmente. Creo que lo que te hace ser buen compañero o buen jefe es la capacidad de crear un ambiente en el que la creatividad florezca, en donde cada miembro de un equipo desarrolle fortalezas que lo ayuden a crecer. Si estamos en una posición en la que podemos ser agentes de cambio, porqué desaprovecharla? Todos estamos en la misma búsqueda, peleando con nuestro propio set de demonios. Yo soy conciente de que mis "películas de terror" fueron épicas, pero que 8 años después, sencillamente son anecdóticas.

*En los años 50 se desarrolló una teoría denominada Tipo A y Tipo B, conocida también como la Teoría de Jacob Goldsmith, en la que se utilizan ciertos rasgos de la conducta del ser humano para determinar su riesgo de contraer enfermedades coronarias. A pesar de la controversia que causó dicha teoría, la misma se filtró en la psicología popular y hoy por hoy vemos que a la gente se le cataloga como "Tipo A" o "Tipo B".

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